21 de mayo de 2011

Primavera para todos

La primavera, por fin, ha llegado. Después de un periodo largo de un gris monótono, propio del invierno, ha estallado en miles de flores, llenando nuestras miradas con infinidad de colores. Ha sido lenta su gestación. Los primeros brotes nacieron en África, en paises sometidos a terribles dictaduras e injusticias. El aroma de sus flores nos llegaba con sensaciones de exotismo. Miradas entre incrédulas y de simpatía nos hacían ver esos gestos con una mezcla de solidaridad y de tristeza. Solidaridad por su gesta, tristeza por ver que nuestros campos se mostraban secos y sin futuro. La primavera no llegaba y algunos, aprovechando el anonimato de un mundo gris, seguían haciendo negocio vendiéndonos el forraje reseco de temporadas anteriores. Desgraciados, estábamos condenados a malvivir y a ver, incrédulos, que unos pocos, aquellos que secaron los ríos que alimentaban nuestros campos, se enriquecían negociando las gotas de agua que nos habían robado. Una tierra reseca, agrietada, polvorienta, ese era el futuro que se nos presentaba. Mas un día, unas primeras gotas de agua se escaparon del control de estos especuladores del futuro. El agua entró entre las grietas de la tierra y llegó a lo más profundo de sus entrañas, y un grito de ¡¡¡más!!! surgió. La lluvia se generalizó y ahora ríos caudalosos riegan nuestros campos, flores de todos los colores adornan nuestras miradas. Nos toca ahora saber encauzar esta fuerza, que no nos desborde, que no nos ahogue, pero lo que es más importante, que no nos la quiten, que no negocien con ella. Es nuestra. Es nuestra primavera; la tuya, la mía, la de todos. Disfrutémosla.