22 de junio de 2011
Un grado de confianza
Vivimos en un increíble error causado por el sistema. Buena parte de la sociedad que conocemos esta basada en un principio de confianza. Nosotros trabajamos confiados en que se nos pagará por el trabajo realizado. El dinero que cobramos lo depositamos confiadamente en entidades financieras creyendo en la gestión profesional que harán de esos depósitos y en el ahorro de cara al futuro. Las entidades financieras se intercambian dinero dentro de la confianza de que habrá negocio para todas ellas. Los estados confían sus planes de desarrollo al crédito que esperan recibir de esas entidades. Los bancos centrales confían en su sabiduría y están convencidos que no les meterán un gol. Podría seguir poniendo más grados de confianza, pero, ¿para qué? Analicemos desde un punto de vista callejero, sin ninguna pretensión de economista, que no lo soy, y sí como lo podría hacer cualquier ciudadano. Empecemos con la lista al revés. Los bancos centrales, de tan confiados, fueron incapaces de prever la crisis económica que cualquier ciudadano de a pie ya veía, ante el incremento brutal, aquí en este país, del precio de la vivienda. Los estados confiaron millones de euros en salvar entidades financieras con la esperanza de reactivar los préstamos a empresas y particulares. Las entidades financieras, confiadas en la premisa, primero ellas y luego ya veremos, reinvirtieron esos millones en sanear sus cuentas y repartir beneficios entre sus 'capitostes'. El dinero que depositamos en esas entidades sólo nos causa gastos económicos por el mantenimiento de cuentas, tarjetas, pago de recibos y unas cuantas cosas más; confiados en que nos daría unos intereses, sólo aumentan nuestros gastos. Y por fin, evidentemente, el trabajo se esta yendo a la mierda por la falta de apoyo y créditos a los pequeños empresarios. Tal vez si los bancos centrales reconocieran su falta de vista para ver la crisis. Tal vez si los estados invirtieran el dinero en crear empresas y no pagar bancos. Tal vez si los bancos fuesen sometidos a auditorías y condenar a aquellos directivos que primaron el dinero fácil, sucio y especulativo, al dinero responsable. Tal vez si los clientes de los bancos nos enfadáramos, de una vez por todas, con estas entidades usureras y cambiáramos nuestros fondos y los pasáramos a entidades financieras éticas. Y lo más importante, tal vez si el trabajo fuese una garantía, el sueldo una realidad y el futuro una posibilidad, creo que tendríamos bastante posibilidades de salir de esta crisis que no la hemos cocinado, pero nos la estamos comiendo 'enterita'.