8 de julio de 2013

Anormalidad

Cuando lo normal es la anormalidad es que algo muy serio esta pasando. ¿Es normal que el partido que gobierna haya engordado los sueldos de sus dirigentes con dinero extraído de la corrupción y el favoritismo?, ¿es normal que el partido que debería de hacer de oposición calle y no exija, constantemente, aclaraciones a ese hecho?, ¿es usual que la cúpula empresarial tenga a su expresidente en la cárcel por hundimiento premeditado de sus empresas y que uno de sus vicepresidentes se le haya pescado pagando parte de las nóminas en negro?, ¿es entendible que los sindicatos despidan empleados y mantengan privilegios en las cúpulas?, ¿alguno es capaz de explicar como todavía no hay ningún presidente o expresidente de cajas de ahorro o bancos encarcelado por haber hecho un uso especulativo y lleno de riesgo del dinero de los ahorradores?. España esta muy enferma cuando los únicos que están pagando la crisis son los millones de españoles con nóminas o asalariados que se la están recortando de una manera brutal sus sueldos o simplemente están siendo despedidos, cuando miles de familias están quedándose sin hogar por culpa de entidades bancarias que no dudaron en engordar hipotecas tasando pisos muy por encima del valor real, cuando las paupérrimas jubilaciones están siendo cuestionadas a la baja, cuando pequeños empresarios se ven ahogados por el cierre de créditos que los bancos deberían de financiar y que en su lugar dedican ese dinero, mucha veces obtenido de ayudas públicas, a sanear sus balances olvidándose de cual es el objetivo real de una entidad financiera que es el de activar la economía. España es un enfermo terminal. Esta tan enfermo que ni siquiera ve su mal. Se queda postrado en la cama incapaz de actuar contra el causante de su enfermedad. En un país normal, bastante miembros del gobierno ya habrían dimitido e incluso convocado nuevas elecciones con el objetivo de devolver la confianza en la democracia al pueblo, no es el caso del PP. En un país con una clase política competente la oposición actuaría como tal y no como lo hace el PSOE lastrado y enmudecido por sus propios casos de corrupción. En un país moderno la clase empresarial lucharía por conseguir normalizar la situación de los españoles porque sólo con esa normalización ellos pueden progresar. En un país vivo los sindicatos estarían en las calles manifestándose y luchando por defender los intereses de los trabajadores y no andaría de conversaciones con aquellos que lo único que desean es ahogar a la clase trabajadora. En un país con algo de vergüenza los bancos habrían salido pidiendo perdón por sus pésimas gestiones y asumiendo la culpabilidad que tienen. Pero nada de eso pasa. En España la anormalidad campa a sus anchas.